martes, 15 de noviembre de 2022

Puesta a Tono

Ella se acerca a El lánguidamente, pasando su lengua sobre sus labios, relamiéndose ante lo que va suceder en breve.
El la observa con los ojos medios cerrados, a través de las pestañas, cigarrillo en mano, copa en la otra.
Unas manos deshacen el cinto y atacan la bragueta, donde se esconde la fiera dormida.
La mano toma delicadamente la polla haciendo suaves presiones sobre ellas, bajando la piel del prepucio, dejando la cabeza del glande al alcance de los labios carnosos que le besan suavemente, esos labios descienden a lo largo de la polla repartiendo miles de besos chupones. Hace paradas para humedecer los labios que siguen su ritmo endiablado marcando la polla desde el glande hasta los testículos.
Eso produce un cosquilleo intenso a la polla que vibra bajo la lengua experta, esos labios que la aprietan todo lo largo de su recorrido y que cuando llegan a la punta se retiran con picardía, haciendo que la polla se lance hacia adelante buscando la boca succionadora.
Se pasa la lengua sobre los labios para humedecerlos y toma el glande de nuevo solo con su lengua, enroscándose tragándola suavemente pero sin pausa, notando con se sobresalta dentro de su boca, pero sin piedad continua su absorción, hasta comerla entera, el vello púbico se moja por los labios rojos lleno de polla, un leve movimiento similar a una arcada indica que llego lo más profundo de la garganta.
Ella se frena y mira hacía arriba buscando Su mirada. Marca una pausa con la boca llena de polla.¡¡Cuánto me gusta comerte esta polla, cabron!!, cuando acabe con ella , follame como sabes que me gusta..

.
El esta como en otro mundo, lleno de sensaciones, como ido, en otro nivel.
Ella sonríe y continua su tarea.


La piel de la polla esta húmeda a placer, sus venas bombean con fuerza, su fina piel erizada, unas gotas se evaden; son recogidas por la lengua ávida de jugo, esa lengua que ahora pasea por el glande como si de un helado se tratara,una pasada, hacía arriba, humedecer la lengua y vuelta a pasar la lengua bien abierta todo lo largo del glande, la vuelta a la base la efectúa con suaves besos.


La mano tantea las bolsas masajeando los testículos. La lengua se acerca a esas bolsas milagrosas y las lame con energía en un intento de dejarlas brillantes, un dedo loco y atrevido va donde lo que parece una estrella, ese ano bien plisado, que el dedo juega a alizar con saliva y paciencia. El ano se relaja ante el masaje y se deja alizar y sonríe al dedo atrevido que aprovecha la "sonrisa" para meterse un poco, lo suficiente para logar que la polla se ponga nerviosa y se sacuda un poco.
La boca sigue su movimiento infernal de sube y baja de la polla bajando apretando subiendo suave.
Los labios empujan lento pero firmemente la piel que cubre la cabeza, dejando el frenillo al descubierto, cosa que aprovecha la lengua para "molestarle" un poco.
La polla esta en su punta máximo, estirándose como nunca, pega una sacudida y lanza su leche como si fuera una cascada, salpicando todo el bello rostro que tiene delante y que se relame toda procurando no perder ni gota

lunes, 14 de noviembre de 2022

Relato de Candyman. Titulo : "El Garaje"

Cuando uno no sabe cómo decir algo y la otra persona te dice que no es necesario hablar…, te sientes bien, seguro, confiado y te entregas a sus manos. 

Aquella noche era importante: corte de pelo por la mañana, comida ligera, ducha caliente, abundante perfume por todo mi cuerpo y la ropa que Ella había comprado para la ocasión: traje negro, camisa blanca, zapatos, calcetines y cinturón a juego. Me extraño la camisa blanca pues el "código" y el "protocolo" es importante para Ella, pero no hice preguntas, me vestí sin más complementos y a las 19:25 cogí las llaves, cerré la puerta y llamé al ascensor. 

Tenía que estar a las19:30 y no quería llegar tarde. Estaba nervioso, me miré en el espejo del ascensor, suspiré y una leve sonrisa se apoderó de mi silencio. Las puertas se abrieron, deposite las llaves de casa en mi buzón, excepto la del cajetín que el día anterior se la había dado a Ella. 

Allí estaba yo aguardando su llegada mirando los coches pasar, buscando su mirada; una mirada fuerte, dura…, intentando encontrar esos ojos que me cautivaron la primera vez que entraron dentro de mí… 

El tiempo pasaba muy despacio, hice el gesto de buscar mi reloj, pero Ella había sido clara: "nada de relojes ni de ropa interior; donde te llevaré no te harán ninguna falta". 

Ella jamás llega tarde, no era normal, de hecho, Ella siempre llegaba antes que yo. Así que los nervios se volvieron más insistentes. 

Al rato un coche se detuvo delante del portal. Yo miré y no la vi. Eran dos desconocidas vestidas de cuero negro que no dejaban de mirarme. Yo baje la mirada y busque de nuevo mi reloj, siempre lo miraba cuando estaba nervioso, me daba seguridad, pero no lo tenía; opte por moverme un poco del portal como alejándome… Entonces una de ellas, la copiloto, se bajó del vehículo me abrió la puerta de atrás y me invito a subir. 

  • Sube Javi, te están esperando (dijo con voz serena). 

Yo mire a un lado y a otro buscándola a Ella, pero no estaba. Al escuchar mi nombre me dio confianza y me acerqué; me detuve en la puerta del coche y al bajar la mirada, reparé en unos preciosos zapatos de tacón de aguja, la miré y pagué caro mi atrevimiento: me cogió los huevos de golpe y me dijo: 

  • ¡Entra ya! 

Entre rápidamente. En el asiento había una bolsa negra de terciopelo con cordón, unas esposas y unas tijeras. 

  • Ve hasta el final, que voy a pasar yo también. 

Subió, cerró la puerta y el coche arranco. 

Yo no me atrevía a decir nada, apretaba mi polla con mis muslos, protegiéndome, y aunque aquello me dolió, estaba excitado. 

  • Las manos a la espalda. 

Me esposó, me colocó la bolsa en la cabeza y la cerró en mi cuello por medio del cordón. No veía nada. 

  • ¿Puedes respirar, perro? 
  • Si, Señora 
  • Vaya veo que has prendido educación de golpe. A los perros como tú hay que atarlos en corto; en cuanto ven unos tacones ajenos se les van los ojos y pierden los modales. 

Sentí de nuevo su mano en mis huevos, pero esta vez con mimo, palpando mis genitales. 

  • ¿No estarás excitado verdad? 

Guarde silencio, no quería que lo notara, pero era evidente que lo estaba. Ella se dio cuenta y apretó más la cuerda. Comencé a notar que me costaba respirar. 

  • Señora no respiro bien… 
  • Te he preguntado si estás excitado perro, no me hagas repetir las cosas. 
  • Sí Señora, lo estoy 

No acababa de terminar la frase cuando me dio un golpe en los huevos. 

  • Señora no respiro bien, por favor. 

Note como cogía las tijeras y empezó a jugar con ellas por mis huevos. 

  • Señora, se lo suplico… 

Estiró la bolsa y le hizo un pequeño corte a la altura de mis labios, abrí la boca todo lo que pude para recuperar la respiración y ella me escupió dentro… 

  • ¿Mejor? ¿Ya respiras mejor? 

Volvió a escupirme y la verdad es que me encanto. Me sentía sucio e indefenso a merced de dos desconocidas sin saber muy bien que ocurriría. 

  • ¿Mi Señora no va a venir? 
  • ¿Tu Señora? ¿Quién te ha dicho que es tuya, perro?  

Me abofeteo. 

  • ¿Crees que la mereces? ¿Crees que un mierda como tú puede decir que es suya? 

Volvió a abofetearme está vez con más fuerza. 

  • Su, recuerda lo que dijo Ella: "nada de golpes en la cara". 
  • Isa no te preocupes, si se está divirtiendo, ¿verdad cerdo? Tenemos toda una sorpresa preparada para ti. 

No supe bien que responder y guardé silencio. Noté que el coche se detenía y hacía sonar el claxon. A continuación escuche lo que parecía el ruido de una persiana vieja de garaje. El coche entro y la persiana bajo de golpe. 

Su e Isa bajaron del coche y escuche sus tacones alejarse. Yo me quede inmóvil sin saber muy bien qué hacer ni qué esperar. 

Por fin mi puerta se abrió; noté una mano suave en mis labios cargada de un perfume intenso, dulce y amaderado que reconocí inmediatamente; me sobresalte de alegría. 

  • Señora, por fin, ¿es Usted? 
  • Cachorrillo… 

Lleve mi cabeza hacia su mano acariciándola con mi movimiento, buscando su calor. 

  • Vamos a quitarte esto, no es necesario que lo lleves. 

Me retiro la bolsa y las esposas y mis ojos resplandecieron al verla; con un dedo retiro los restos de la saliva de Su y los introdujo dentro de mi boca sonriendo. 

  • Una noche movida, ¿no te parece? Te sienta muy bien el traje 
  • Sí Señora, gracias. 
  • Préstame atención, ahora pueden pasar dos cosas: la primera es que te lleve de vuelta a tu casa y esto termine aquí; o puedes salir conmigo de la mano del coche para que te entregue a mis amigas y te usen a su antojo. ¿Qué decides? 
  • Y, ¿Usted qué hará Señora? 
  • Yo observaré y disfrutaré viéndolo y si me apetece intervenir, intervendré. Todo irá bien. Estoy aquí contigo. Sé que nunca habíamos hablado de esta situación, pero también sé que el que te "cediera" no era uno de tus límites. Llevamos ya un año juntos y creo que ha llegado el momento de avanzar. 
  • Sí eso piensa Usted, lo haré con gusto Señora. 

Ella me cogió de la mano y me saco del coche. Estaba preciosa con vestido corto de terciopelo rojo ajustado de tirantes con escote corazón, zapatos rojos de tacón y una delicada gargantilla de terciopelo rojo adornando su cuello. 

Estábamos en una nave alargada grande de techo alto en la que hacía bastante calor con iluminación de fluorescentes blancos a los lados. 

CONTINUARA 

 

viernes, 28 de octubre de 2022

Los Palillos Chinos

Cuando llego a casa…, respiro, dejo las llaves a la entrada en una jabonera blanca con forma de manos a la que cambie de funcionalidad porque me gusta dar mi propio sentido a los objetos y personas que me rodean. Ellos son lo que yo quiero que sean para mí. 

Un poco de música de los cabarets alemanes de los años 30 cortesía de Master Frank con ese sonido cálido de gramófono antiguo y en seguida a la ducha. No me siento Yo vestido con esta ropa de trabajo…, debo preparar mi cuerpo para la visita de Alicia a WonderLand. 

Botas, pantalones, chaleco y muñequera de cuero negro con dos hebillas, muy de código…  

La calefacción bien fuerte; entreabro la puerta; dejo un sobre dorado en el suelo de la entrada; me siento en mi butaca y enciendo una lámpara detrás de mí; apago el resto de luces, preparo una pequeña alfombra blanca a mis pies y me dejo embriagar por la música. 

Disfruto estos instantes de espera, recogiéndome en mi mente, disfrutando de Alicia, de su pelo, de sus manos, de sus pies, de su mirada, de su olor, del perfume de su bajo vientre… ¡Qué ganas de volver a tenerla a mis pies! 

En el reloj están a punto de dar las 22:00, comienzo a escuchar el sonido de tacones subiendo por la escalera antigua de madera, bajo la música para concentrarme en esa dulce melodía que es su caminar. 

Son exactamente 20 escalones de los antiguos de las "corralas" madrileñas; menciono esto porque son desiguales y nada fácil de subir con tacones de aguja. 

Le di unas instrucciones muy claras para poder entrar en mi casa: zapatos de tacón negros, medias, una gabardina y un juego de palillos chinos…, nada más. Cualquier prenda de más o de menos la haría salir de Wonderland con la misma prisa con la que había entrado.Yo cuidaría de ella, mientras estuviera entre mis manos, no tendría que preocuparse de nada…Vislumbro su silueta a través del hueco de la puerta. Ella sabe qué aunque la puerta está abierta no debe entrar sin mi permiso (eso lo aprendió otra noche en manos de mi fusta).Dos golpes de nudillo en la puerta. 

  • Pasa y cierra la puerta por favor. 

Estaba preciosa, había venido perfecta, me hubiera costado echarla si hubiera desobedecido. 

  • Buenas noches Señor. 
  • Buenas noches Alicia, un placer tenerte aquí conmigo. ¿has traído los palillos como te pedí? 
  • Sí Señor, aquí están. 
  • A tus pies tienes un sobre dorado, es para ti. 

Flexionó sus rodillas, lo recogió, saco la tarjeta que leyó atenta; cuando terminó, me miro a los ojos y se dirigió muy despacio hacia mí. Yo aproveche para subir un poco la música. Se situó en la alfombra blanca apenas a 50 cm de mí; podría tocarla si hubiera querido, creo que ella lo deseaba, pero quería mirarla, que notara como me metía dentro de su interior y buceaba en sus deseos. 

Le hice un gesto con mi cabeza, cuando empezó a sonar "Lili Marlene" de la voz de Marlene Dietrich… Ella se quitó la gabardina de golpe y la dejo caer al suelo. No pude evitar sino suspirar y una sonrisa cómplice brotó de mí. 

Me entrego los palillos y siguió las instrucciones del sobre dorado: fue a la cocina recogió la bandeja donde había un plato de sushi, una botella de agua y un consolador. 

Se puso a 4 patas en horizontal delante de mí y yo coloque la bandeja en su espalda. Llevé los dedos de mi mano izquierda a la comisura de su boca, acariciándola hasta que Alicia comenzó a lamer y chupar mis dedos al sentirlos dentro de su boca; lentamente los saque y empecé a acariciar su sexo y separar sus labios… ¡Qué satisfacción comprobar que estaba excitada! Ahora ya podía cenar tranquilo comiendo el sushi con los palillos chinos que amablemente me había traído Alicia… 

P.D.: Lo que paso después ya es otra historia que sólo a dos atañe. 


viernes, 21 de octubre de 2022

El primer castigo

Tenía orden de no usar bragas más que durante mi menstruación. Y así lo había hecho, hasta ese día...

Era invierno y, como siempre suele suceder aquí, soplaba un viento constante. Yo llevaba mi collar puesto, oculto bajo el cuello de mi jersey. Me gustaba llevarlo, me  sentía absurdamente abrigada (en más de un sentido) al llevarlo. Sentía como un calor que se irradiaba desde mi cuello hacia el resto del cuerpo. Era excitante, despertaba mi imaginación, me traía recuerdos. Iba caminando por la calle pero en realidad mi mente estaba en otros sitios.

Y claro, mente traviesa + collar puesto + sin bragas + viento + humedad vaginal = frío gélido en la entrepierna.

Así que me di media vuelta y volví a casa. Me puse unas bragas y otros pantalones y volví a salir a seguir con mi  día. Pero no estaba cómoda, no me sentía bien. Sabía que estaba desobedeciendo.

Lo primero que hice esa tarde, al verle en la pantalla, fue confesar mi falta, explicando mis motivos para hacerlo. Él se quedó pensativo durante unos minutos y al cabo de un rato, esbozó esa sonrisa depredadora que yo había llegado a conocer muy bien en muy poco tiempo. Sólo que esta vez esa sonrisa no denotaba un "juego" divertido, sino algo que, seguramente, me resultaría mucho menos placentero.

Me explicó que sus castigos siempre eran duros, que prefería castigar duramente la primera vez para evitar una reincidencia. Y que sus castigos siempre estaban relacionados con la falta.

Dijo: "Querías llevar bragas, muy bien. Llevarás bragas, entonces. Te pondrás una, y no te la quitarás hasta que hablemos el lunes por la tarde. No te la quitarás para nada. Si tienes que ir al baño, a mear,  lo harás con ella puesta. Si es a otra cosa, podrás apartarla, pero no quitarla."

Era jueves. Y el domingo tenía visita de mi familia, algo que no podía cancelar ni cambiar. Se lo recordé, pensando que lo había olvidado y que cambiaría las fechas del castigo. Pero su sonrisa se ensanchó aún más, cuando me dijo "Ya lo sé". Le dije que era imposible, que no podía estar así, que el olor, que se darían cuenta. Y me dijo que en mi mano estaba acatar el castigo o no.

No hacía más que pensar en cómo estarían las bragas el domingo. Hasta entonces podía evitar el contacto con la gente, estar en casa. Y tenía que cumplir el castigo.

.... Y se me encendió la bombilla. Y en ese momento, fui yo la que sonrió de oreja a oreja.

Pasaron los días, cumplí mi castigo a rajatabla. Recibí a mi familia el domingo, pasamos el día juntos y fue una visita muy agradable.

El lunes por la tarde, cuando estuve ante él, lo primero que me preguntó fue si cumplí. Y le dije que sí, puesto que así había sido. Quiso saber entonces cómo había hecho para que mi familia no se percatara de nada. Y entonces le dije: "El castigo era llevar las bragas puestas, todo el tiempo, hasta hoy por la tarde. Lo único que podía hacer era apartarlas un poco en el baño cuando no era para orinar. Tenía que mear con ellas puestas. Y eso hice. No me quité las bragas ni un momento, ni siquiera toooodas las veces que me duché ese fin de semana para que estuvieran limpias" Y sí, lo confieso, cuando acabé de decirlo tenía una sonrisa de satisfacción en mi cara. De hecho, pensé que se iba a enfadar, pero no. Lo que hizo fue soltar una larga y estruendosa carcajada y mirarme con un cierto velo de orgullo en los ojos. Eso sí, me dijo que para el próximo castigo se encargaría de que no hubiera "flecos" por donde evadirme.


domingo, 9 de octubre de 2022

La Goma Azul

Aquí estoy de nuevo, desnudo, con unos zapatos de tacón de aguja negros; con mis muslos, apretados, tapando mi sexo, delante de un espejo con la goma azul de su pelo en la palma de mi mano. Miro…, respiro…, y siento… Recuerdo nuestro primer encuentro, nuestro primer café, la primera mirada que me atreví a mantener, no como reto, sino como señal de respeto. ¡Qué placer deslizarme por el iris de sus ojos y bucear en un maravilloso río de lava ardiente que descubrí en su interior! 

Cada vez que con firmeza cierro mi puño y su goma azul traspasa mi mano, mi vientre se encoje, mi corazón se estremece, mis ojos se cierran y todo mi mundo desaparece, se convierte en vacío…, un vacío de su recuerdo. Vacío de sus manos, de sus pies, de su mirada, de su pelo que con tremendo placer mecí entre mis manos como si se escapara el viento entre mis dedos. 

Como cada noche rocío la goma con su perfume y la acerco levemente a mi nariz para sentirla cerca aunque todo mi ser esta ya empapado por su esencia; deslizo mi lengua con sumo cuidado por el interior de la goma, mimando los contornos, saboreando su aroma con mis labios haciendo presente la adoración de su sexo. 

¡Déjeme ir! Por favor Señora, se lo suplico… ¡Déjeme ir! 

Déjeme que abandone su recuerdo, su pasado, mi presente… ¡Déjeme ir! 

El vacío se apodera de mí, mis lágrimas rotas inundan los zapatos que un día me regaló y entonces su imagen…, su imagen vuelve a mí, se refleja en el espejo y yo no puedo sino postrarme, arrodillarme, bajar mi cabeza hacia su pies, poner su goma azul en mi pelo esperando, deseando que Usted la tome y la vuelva a poner en el lugar que nunca debió abandonar: mi muñeca izquierda; pero sé que sólo es un deseo, así que vuelvo a mí, me descalzo, seco mis lágrimas, guardo su goma azul en una pequeña bolsa de cuero negro y la pongo debajo de mi almohada… 

Cómo cada noche dormirá conmigo… 


Autor candyman

domingo, 28 de agosto de 2022

Cabreo

Contigo quería hablar. Sí, contigo. Tú, que vas por la vida con la nariz levantada, mirando a todo el mundo por encima del hombro... Pero vamos, que si quieres ser un gilipollas es asunto tuyo, es tu elección, no tengo nada que decir. Pero te has saltado los límites. Lo que tú hagas con lo tuyo es asunto vuestro y de nadie más. Y lo que yo haga con lo mío es asunto nuestro y de nadie más.

¿Quién demonios te has creído que eres para juzgarme? ¿Quién te ha dado la potestad de dirimir quién es Dominante y quién no? ¿Quien cojones eres tú para decirme lo que puedo o no puedo hacer con mi propiedad?

Estoy harta de personajillos como tú, Dominantes de libro y de salón, de puertas para afuera. Esos grandes Dominantes que exigen protocolo y respeto público, que buscan más la admiración ajena que la experiencia propia.

Escúchame bien, "mayusculito". Yo tengo una propiedad. Yo soy Ama, soy Dueña de una maravillosa persona que se ha puesto en mis manos. Y como Dómina, Dueña y Señora de esa persona, puedo hacer lo que me plazca sin tener que dar explicaciones a nadie y mucho menos a un pelele de medio pelo como tú.

Si quiero azotarle, le azoto. Si quiero tenerle simplemente a mis pies mientras hago lo que sea, lo tengo. Si quiero imponerle castidad, se la impongo. Si le quiero vestido, lo está. Si le quiero desnudo, lo está. Y si le quiero sentado a la mesa conmigo en lugar de a cuatro patas en el suelo, lo está también. Y si le quiero follándome, lo está también. Cualquier cosa que no traspase los límites acordados. Cualquier cosa, ¿te enteras? que yo quiera, no que quieran o esperen los demás.

A ver si te enteras, imbécil, que dominar no es seguir un listado de normas y prácticas. Que dominar y tener a alguien, es hacer lo que se desee con esa persona, lo que se desee. Desde el momento en que empiezas a pensar en el qué dirán o qué pensarán los demás, dejas de someter y de poseer y te conviertes en esclavo de los demás y de sus opiniones.

Te has recreado públicamente intentando ridiculizar mi relación con mi perro. Y no te das cuenta, eres tan cortito que no te enteras de que lo único que has conseguido es ponerte en evidencia.

Así que sigue con tus cosas, mayusculito, sigue mostrando lo "Dominante" que eres, tratando como inferiores a los sumisos y sumisas, exigiendo tratamientos y fijándote solamente en las formas y no en el fondo. Yo seguiré disfrutando de mi relación, haciendo lo que me salga de la peineta en cada momento, que para eso soy yo, YO, la que decido. No los demás ni sus opiniones. Yo.

Sigue, "dominante de salón", sigue luciéndote en público y arrastrándote en privado. Yo, mientras, estaré haciendo lo que me salga del mismísimo, que para eso soy quien soy y soy lo que soy.

Espero habértelo dejado claro. Si no es así, no tendré ningún problema en repetírtelo, quizás con algún ejemplo concreto.

sábado, 27 de agosto de 2022

Recuerdo...

Lo recuerdo con una sonrisa, a pesar de los años que han pasado y de todo lo que sucedió después. Era noviembre. Me ordenó registrar mi nick con su collar. Se supone que debería sentirme emocionada, feliz, jubilosa, pero lo único que sentí fue pánico.

Me conocía bien. Bueno, al menos esa parte de mí. Y me dijo que hablara. Yo ya sabía que lo que dijera iba a tenerse en cuenta, pero que no me aseguraba que su decisión final fuera la que yo deseaba. De hecho, a veces, mis razones conseguían el efecto contrario al esperado.

Así que, como siempre, fui sincera y directa. Le pedí que por favor esperara a después del primer encuentro real, que pasaría en unos días, antes de hacerlo. Que no sabía si sería lo suficiente, si daría lo suficiente, si le haría disfrutar lo suficiente, si aguantaría lo suficiente...

Él dijo que estaba seguro, que no le hacía falta saber nada más. Que registrara el nick en ese mismo instante pero que, por consideración hacia mí, no me haría usarlo hasta después de nuestro encuentro. Y así lo hice.

Y llegó el día. El tiempo a veces parecía ralentizarse y en otras ocasiones, volaba. Me preparé para él, pensando en qué haría conmigo y sintiendo esos nervios que nos hacen sentir tan vivos en algunas ocasiones.

Cuando entró, lo primero que hizo fue poner su mano en mi barbilla, subir mi cabeza y pedirme que le mirara a los ojos. Después de mucho esfuerzo, conseguí subir mi mirada hasta su nariz. Él se reía al ver mis intentos de mirarle a la cara, mientras me ponía colorada como un tomate. Siempre le encantó hacerme ruborizar, cosa, por otro lado, nada complicada de lograr.

Unas horas más tarde, mi aspecto había cambiado por completo. Me sentía pegajosa, pringosa, dolorida y feliz. Notaba la existencia de retazos de mi piel que hasta ese día desconocía.

De rodillas, desnuda en el centro de la cama, me pidió que cerrara los ojos. Obedecí y escuché el tintineo ya para entonces familiar de la bolsa de deportes que había llevado (llena de cosas sorprendentes para mí, todo sea dicho). Y sentí el roce de sus dedos en mi cuello, mientras me ponía el collar.

Era un collar de cuero negro, casi como un cinturón, con una trabilla metálica para enganchar la correa, también de cuero negro. Cuando ya lo tenía puesto, me dijo que abriera los ojos. Le pregunté si estaba seguro y me dijo que sí, pero que ya estaba seguro desde hacía mucho tiempo.

Cuando se fue, recorrí estancia por estancia, recordando qué pasó en cada sitio. Por primera vez sentí orgullo cuando me vi reflejada en el espejo, con el cuerpo medio retorcido para ver las marcas intensas aún en mis nalgas, los restos de goterones de cera aquí y allá. El resultado de su obra sobre mí. Y mi collar negro, destacando en mi cuello, oliendo a nuevo, rígido, calentándome por dentro y por fuera. Dormí con él puesto esa noche.

Al día siguiente, me ordenó ponerme el nick con collar. Muchas personas hacen ostentación de su collar. Otras sienten el orgullo natural de llevarlo. Yo sentía orgullo pero también sentía el peso que era llevarlo. La responsabilidad, porque mis actos, mi conducta, todo lo que tuviera que ver conmigo o con lo que yo hiciera o dijera, también le implicaría a él. Y tenía que redoblar mis esfuerzos por no equivocarme.

Muchas felicitaciones, mucha alegría... el primer día. Después empezaron a aparecer "amigas" o "conocidas" que me comentaban cosas "por mi bien", que  intentaban darle un significado a cosas que tenían otro completamente distinto. Aparecieron bellas mariposas revoloteando a su alrededor, como si el hecho de haberme tomado (a mí o a cualquier otra, es una cosa que he visto con otras personas también), le convirtiera en una especie de trofeo.

El hecho de llevar collar también hizo que personas que jamás se habían fijado en mí, lo hicieran ahora. También como un juego o un desafío, supongo. Cazar a la sumisa con collar.

Era incómodo. Era irritante. Era triste. Tenía que rechazar los comentarios, sugerencias y ofrecimientos de esas personas, pero de forma educada, cuando a veces me habría gustado decir cuatro o cinco cosas bastante inconvenientes.

Le informaba a él de todo lo que sucedía. A él le hacía gracia ese repentino cambio de actitud de ciertas personas. Y seguimos en nuestro mundo particular, en nuestra burbuja que nos aislaba del resto de personas cuando estábamos juntos.

Nunca volví a llevar collar virtual, sí real. Me he ahorrado chismorreos, decepciones y malos momentos. Nunca he entendido que se quiera acabar con una relación, que se quiera ensuciar algo tan maravilloso. ¿Que él o ella no te ha elegido a ti o no se ha entregado a ti? Vale, escuece, incluso duele, pero el que esté con otra persona o no, no va a hacer que te elija a ti. Hay cosas que no se elige sentir. Y sí, hay cosas que no puedes dejar de sentir como quien da a un interruptor. Pero sí se puede decidir qué hacer al respecto.

Me han hecho mucho daño, como a tantas otras personas. Y precisamente por eso, por saber qué es lo que se siente cuando te dan donde duele, yo no lo haría. Quizás soy demasiado tonta o ilusa.

Anoche, tumbada de madrugada en mi cama, sin poder dormir, de repente y sin saber el motivo, recordé ese momento, el momento en que, con los ojos cerrados, me puso mi collar. Y sentí que tenía que contártelo, no sé porqué. Tal vez porque deseo que tú sientas o vuelvas a sentir algo parecido al poner o recibir un collar, con todo lo que conlleva, la responsabilidad y el orgullo. O quizás simplemente era una especie de purga de mi cabecita loca, a saber.